BIOGRAFÍA

En la obra de Luis García Gil (Cádiz, 1974) conviven de manera absolutamente personal literatura, cine y canción de autor. En el ámbito de la canción ha publicado Serrat, cantares y huellas, Serrat y Sabina a vista de pájaro, Jacques Brel, una canción desesperada, Javier Ruibal, más al sur de la quimera y Joan Isaac, bandera negra al cor. Su amor al cine ha dado como fruto el libro François Truffaut publicado por Cátedra y el guión y producción del documental En medio de las olas dedicado a su padre el poeta José Manuel García Gómez. También ha producido el documental Vivir en Gonzalo que ha dirigido Pepe Freire y en el que se profundiza en la obra de Gonzalo García Pelayo. Como poeta es autor de La pared íntima, Al cerrar los ojos y Las gafas de Allen. Es autor además del libro José Manuel García Gómez, un poeta en medio de las olas.




domingo, 27 de enero de 2013

LAS IDENTIDADES

La luna dibujada en "Son de insomnio" o la playa de Rota que ha devuelto el cadáver de treinta y siete fugitivos de origen marroquí. El poeta que se rebela, que acaricia también la revelación del poema que vibra cual acorde en la piel de las cosas. Lisboa y los heterónimos de Pessoa o el verano que vuelve y al que el poeta interroga: "Verano que ahora vuelves/ acuérdate por hoy/ de quienes fuimos...". 

He aquí el pasado que se habita, el dedo infantil recorriendo un mapa escolar, el ser y la nada, la identidad, el peso de las sombras. He aquí los restos de tabaco, la enfermedad, la arcadia de un paisaje en el que un niño descubre un reptil muerto. He aquí el verso de Jules Laforgue o el vaho de los cristales donde las musas vienen a mirarse. 

El poeta que fluye como río de eternidades, que derrama el canto, el espejismo, la teoría del caos, la propia vida temblando en la entonación, en el latido de las sílabas. Aquí estoy leyendo Las identidades de Felipe Benítez Reyes, sintiéndome parte del relato emotivo, intenso,  que traza el poeta roteño. Me fascina el poema que dedica a los mirlos porque ahí radica la esencia del poeta, en sublimar lo cotidiano atendiendo a los sonidos del mundo, al misterio pero también a la evidencia que pudiera pasar inadvertida. 

Con el tiempo ciertos poetas acrecientan su escepticismo. Las identidades es el libro de un escéptico y es también una rosa crepuscular tatuada en el pecho del mundo, una rosa que sangra pero que también contiene ese resto de humor que salva del abismo. En 1927 Judith Erebe escribía un texto muy significativo sobre Buster Keaton en el que empezaba afirmando que el humor era una forma artística absolutamente superior. José Manuel Benítez Ariza ha observado en su blog el humor que atraviesa las páginas de Las identidades. Esos destellos de humor no son nuevos en la obra de Felipe Benítez Reyes y fortalecen ese recuento de pérdidas que todo poema es o puede llegar a ser. 

Quien navega comprende la razón de la trama -dice el poeta-. En la Plaza Garibaldi de Nápoles la multitud huye y las maletas terminan arrojando luz sobre cada identidad dormida o despierta que busca un destino. Felipe Benítez Reyes muestra su condición viajera, la huella de su escritura melancólica que es capaz de atender en uno de los poemas a la composición hierática que forman el rey y la reina en los fríos salones de su palacio. 

La noche termina cayendo sobre el cuerpo del poema: "Hay eternidades que parecen/ apenas una noche...". El miedo termina apoderándose del hombre que se mira en el espejo, que es suma de conjetura y duda. Al cerrar las páginas del libro permanece la plenitud expresiva del poeta, todo ese mundo de sensaciones que se han apoderado de la hoja en blanco y certifican el lugar privilegiado que ocupa en la poesía española de nuestros días.